Diciembre
14
El reloj indicaba que faltaba poco para empezar un nuevo día. Y él aún enrumbaba sus pasos por las iluminadas calles de su ciudad. El frío de la noche no era óbice para su entusiasmo; hoy puede ser el día – se repetía. Y con aquél pensamiento se dirigía a examinar aquél lugar poblado por aquellos que gustan de la noche para realizar lo que de día no lo podrían hacer.

Su cabeza oculta por un objeto de lana de color beige que en el centro llevaba una combinación de letras que hacían suponer la marca del mismo, sus manos dentro de los bolsillo del jean de color azul, y la mirada cada vez más atenta a algún indicio en la mitad de la noche, se encontraba con personas una más extraña que la otra.
Me senté en una banca del lado oscuro de la plaza principal y tenía la sensación de que las personas que pasaban por allí elucubraban historias sórdidas sobre los personajes que allí se ubicaban, pero yo sólo intentaba calmar esa agitada soledad que llenaba mi atribulada alma cuando una voz entrecortada y temblorosa me trajo nuevamente a la realidad. Disculpe Sr. No tendrá un solcito que me regale – replicó un anciano vestido con chompa verde y con las brazos sobre el abdomen (para conservar el calor, supuse) – pues creo que no – Fíjese joven yo una vez fui del ejército, ¡eran otras épocas!, ahora todo es diferente, soy viejo, y no tengo trabajo. Siempre me conmueve o siento un nudo en la garganta con estas historias. Saqué el único sol que tenía para el regreso a casa, y se lo di.
La noche avanzaba y las farolas que iluminaban la plaza repentinamente dejaron de funcionar ofreciendo un paisaje oscuro rodeado por las luces que salían de un bar ubicado junto al hotel principal que se encontraba frente a la plaza. Decidí caminar nuevamente y mirar si había algo nuevo. A mis oídos llegaron las palabras que formaban parte de la historia que mi viejo amigo me había contado hace un minuto. Estaba parado relatándola para otra persona solitaria.
Este es el punto de encuentro de aquellos que por alguna razón no encuentran a alguien con quien compartir su vida – pensé ilusamente – pero no es el lugar de aquellos que sólo buscan un momento de placer por unos cuantos soles algunos, y otros solo por el placer mismo – relaciones hedonistas y utilitaristas, me dije.
Creo que estoy buscando en el lado equivocado. Miraba hacia la puerta de la catedral de la ciudad y repetía: Vaya mírame aquí buscando a alguien como yo. Pero ¿porqué me pasó a mi? Yo no lo pedí, simplemente lo fui. Así que ayúdame a sobrellevarlo de la mejor manera. Sólo busco alguien que me entienda y comprenda. Me levanté y dirigí mis pasos alrededor de la plaza. Uno de los que estaba sentado me chistaba era un hombre de edad mediana y de poco porte con unos gestos bastante feminoides. Bajé un poco la mirada mezcla de miedo y timidez y seguí avanzando. Más allá varios chicos formaban un pequeño corro. Ellos con sus pantalones a la cadera unos, otros de jean y de chompa y también con gestos no muy varoniles. Repetí en mi mente, porqué habré venido acá, ilusamente pensaba que así encontrarías a alguien, a un compañero, a un amigo con el que más adelante puedas llegar a algo más, pero si así encontré a Lucho (LF), un día que salía del cine, ya hace casi 1 año. Me acordé de él y miré hacia arriba, el cielo estaba hermoso, una luna llena rodeada de varias estrellas brillantes; el roce con las ramas de un árbol me trajo de vuelta a la tierra justo antes de perder el equilibrio. Loco enamorado me dije y solté una leve risa.
Mi reloj marcaba ya varios minutos del nuevo día. Decidí alejarme de aquel lugar pensando quizás en las casualidades que a veces suceden y recordando a lucho, su sonrisa y las largas conversaciones que habíamos sostenido, pero que ahora todo ello se ha esfumado, y yo sólo estoy durmiendo.


Su cabeza oculta por un objeto de lana de color beige que en el centro llevaba una combinación de letras que hacían suponer la marca del mismo, sus manos dentro de los bolsillo del jean de color azul, y la mirada cada vez más atenta a algún indicio en la mitad de la noche, se encontraba con personas una más extraña que la otra.
Me senté en una banca del lado oscuro de la plaza principal y tenía la sensación de que las personas que pasaban por allí elucubraban historias sórdidas sobre los personajes que allí se ubicaban, pero yo sólo intentaba calmar esa agitada soledad que llenaba mi atribulada alma cuando una voz entrecortada y temblorosa me trajo nuevamente a la realidad. Disculpe Sr. No tendrá un solcito que me regale – replicó un anciano vestido con chompa verde y con las brazos sobre el abdomen (para conservar el calor, supuse) – pues creo que no – Fíjese joven yo una vez fui del ejército, ¡eran otras épocas!, ahora todo es diferente, soy viejo, y no tengo trabajo. Siempre me conmueve o siento un nudo en la garganta con estas historias. Saqué el único sol que tenía para el regreso a casa, y se lo di.
La noche avanzaba y las farolas que iluminaban la plaza repentinamente dejaron de funcionar ofreciendo un paisaje oscuro rodeado por las luces que salían de un bar ubicado junto al hotel principal que se encontraba frente a la plaza. Decidí caminar nuevamente y mirar si había algo nuevo. A mis oídos llegaron las palabras que formaban parte de la historia que mi viejo amigo me había contado hace un minuto. Estaba parado relatándola para otra persona solitaria.
Este es el punto de encuentro de aquellos que por alguna razón no encuentran a alguien con quien compartir su vida – pensé ilusamente – pero no es el lugar de aquellos que sólo buscan un momento de placer por unos cuantos soles algunos, y otros solo por el placer mismo – relaciones hedonistas y utilitaristas, me dije.
Creo que estoy buscando en el lado equivocado. Miraba hacia la puerta de la catedral de la ciudad y repetía: Vaya mírame aquí buscando a alguien como yo. Pero ¿porqué me pasó a mi? Yo no lo pedí, simplemente lo fui. Así que ayúdame a sobrellevarlo de la mejor manera. Sólo busco alguien que me entienda y comprenda. Me levanté y dirigí mis pasos alrededor de la plaza. Uno de los que estaba sentado me chistaba era un hombre de edad mediana y de poco porte con unos gestos bastante feminoides. Bajé un poco la mirada mezcla de miedo y timidez y seguí avanzando. Más allá varios chicos formaban un pequeño corro. Ellos con sus pantalones a la cadera unos, otros de jean y de chompa y también con gestos no muy varoniles. Repetí en mi mente, porqué habré venido acá, ilusamente pensaba que así encontrarías a alguien, a un compañero, a un amigo con el que más adelante puedas llegar a algo más, pero si así encontré a Lucho (LF), un día que salía del cine, ya hace casi 1 año. Me acordé de él y miré hacia arriba, el cielo estaba hermoso, una luna llena rodeada de varias estrellas brillantes; el roce con las ramas de un árbol me trajo de vuelta a la tierra justo antes de perder el equilibrio. Loco enamorado me dije y solté una leve risa.
Mi reloj marcaba ya varios minutos del nuevo día. Decidí alejarme de aquel lugar pensando quizás en las casualidades que a veces suceden y recordando a lucho, su sonrisa y las largas conversaciones que habíamos sostenido, pero que ahora todo ello se ha esfumado, y yo sólo estoy durmiendo.
