Con un poco de retraso hacía su ingreso a la estación de bus interprovincial que le llevaría a su destino. El cabello desarreglado y desalineado por el ventarrón que le dio la bienvenida. Miró raudamente su reloj y pensó que aún estaba a tiempo de llegar a su cita con el destino en la odisea de conseguir trabajo en este país.

Se ubicó al lado contrario al pasillo. Instaló su aparato reproductor de música. Ubicó donde tenía canciones variadas de un grupo británico conocido por plagiar a The Beatles y liderado por los hermanos Gallagher, pero eso a él le tiene sin importancia en tanto disfrute su música. Al levantar la mirada se cruzo con la de un joven delgado, trigueño que hacia su aparición y el cual se ubicó en el asiento posterior.
Muchas veces es un problema ser alto, decidió acomodarse mejor en el asiento, y en esas luchas épicas tiró mucho hacia atrás, sin ninguna intención de por medio, pero un reflejo le hizo voltear y dirigir unas disculpas por aquel repentino golpe. Su momentáneo ocupante respondió con un No hay problema, lo que le trajo a mente cierto extraterrestre que usaba comúnmente esta frase.
El viaje procedía sin ningún inconveniente, cuando sintió en su cuello cierto impulso similar a electricidad, volteo nuevamente y grande fue su sorpresa que su acompañante había apoyado su cabeza en el asiento y una de sus manos rozaba con su cuello. Casualidad o quien sabe que?. No podía escuchar tranquilamente su música. El roce de esas manos con su cuello le turbaban y miles de preguntas le venían a la mente, en tanto intentaba distraerlas con las guitarras y panderetas de una canción tan larga y vaporosa como puede ser All Around The World de Oasis.
El tiempo parecía eterno mientras un suave y tibio calor se deslizaba entre su cabellera y su espalda. Al acercarse a su destino, los continuos frenos y movimientos de pasajeros hicieron que el joven en mención despertara y se reacomodara en su asiento, con lo que el frío volvió a su cuello. Ya en la ciuda de destino, mientras desconectaba el I-pod y cerraba el maletín esperó que baje un poco de gente para encontrar más desocupado el pasillo, pero lo propio hacia su acompañante quien se había puesto unos lentes oscuros. Avanzó por el pasillo con el detrás. Se dirigió a la puerta del terminal, la batahola era estresante. En la puerta se detuvo un instante, su acompañante hizo lo propio lanzándole una mirada juguetona y cómplice. No supo que responder y le miró pero casi mecánicamente miró el reloj percatándose de que su cita era inminente. Enrumbó sus pasos hacia uno de los taxis estacionados en la puerta, sin dejar de mirar a su fortuito acompañante que no despegaba sus ojos de él.
Se despidió anónimamente de aquel encuentro quedando siempre en la nebulosa de lo incierto si algo hubiere pasado con el delgado y trigueño joven que compartió un asiento en el bus.