Julio
03
El suave viento de una noche otoñal ingresaba por la ventana, el sonido de las trompetas y pianos de una canción de jazz, las luces apagadas, y en esa oscuridad casi mediática rota por los sonidos antes descritos quedaba como perfecto complemento para una melodía formada por los ruidos del vaivén de sus manos, y los casi susurrantes gemidos de aquella pareja de jóvenes amantes.
Se habían encontrado horas antes en un público mall de aquellos que pueblan las grandes ciudades, aunque realmente la suya no era una de aquellas. Dieron un par de vueltas conversando, conociéndose, pero las hormonas traicionan a las personas, y ese flujo creciente de testosterona lo llenó de pasión y deseo a punto de preguntarse que hacían moviendo sus pasos por callejuelas estrechas y poco iluminadas que conforman el centro de la ciudad, cuando por dentro sus hormonas hervían provocando que sus cuerpos quisieran unirse, complementarse.
El destino era el lejano cuarto de alquiler, de aquellos lugares escondidos de gente y voyeuristas. La luna les servía de guía en la carretera interminable a su pasión igualmente sin límites. Al ingresar a la habitación esta era iluminada por una pequeña lámpara que reflejaba su luz en un espejo colocado en incómoda y bochornosa posición y que sería partícipe de las futuras escenas en dicho lugar.
Un trago, un brindis, y promesas de fidelidad que se esfumarían en cuanto la espuma dejara lugar al dorado líquido de su bebida. El aproximarse de unos labios que buscaban su par, sin obtener aún respuesta. – No así no – fue la respuesta, prosiguieron los brindis, las melodías de una música contemporánea rompían el silencio que se apoderó de la habitación, hasta que el que había denegado un beso, se acercó a su compañero y con un juego de caricias, imprimió sus delgados labios en los de su par, quedándose así unidos a través de sus labios. Poco a poco llegarían las caricias, y con ello las ropas iban cediendo paso a la desnudez de los amantes.
Las risas, combinadas con momentos de pasión, en las que ambos eran partícipes, otorgaban una atmósfera de esas en las que se deja fluir quizás un brillo de sentimiento en medio de lo efímero del placer. Uno daba, el otro cedía, ahora el que cedía volvía a dar, juegos, nuevamente las risas, hasta lograr alcanzar el éxtasis del orgasmo, por parte de uno de ellos. Epa! Porque tan rápido, replicó el acompañante, obteniendo un suspiro y un beso en los labios seguido por una frase tan trillada utilizada en momentos como estos – Es que así soy yo.
Se recostaron ambos sobre la cama, abrazados, contando su vida, era una escena ecléctica. Uno de ellos confesaba su amor por otra persona, el otro manifestaba la ironía del destino: Mientras tú quieres a otro, yo te quiero a ti. El tiempo avanzaba, aunque ellos no parecían percatarse de ello, hasta que el sonido de un móvil desgarró con chillidos psicodélicos la atmósfera de los juegos amatorios. Contestó rápidamente el mensaje y volvieron a lo suyo.
Nuevamente los juegos, las manos, la piel, los labios, todo se unía y movía a un ritmo orquestal. Daban rienda suelta a su pasión y deseo en los minutos ya pasados de la media noche. Sus imágenes daban un reflejo borroso en los espejos, que ocasionaba ráfagas de sonrisa al percatarse de ello.
Finalmente se tendieron boca arriba en la cama. La música cambió de genero en la radio, se escucharon pausados ritmos, melodías de un piano acompasado. Decidieron que aunque estuvieran en común allí, buscar solitariamente el placer. Sus manos se entrelazaban y empezaron el movimiento de vaivén para encontrar aquel hedonista gusto. Los resuellos de gusto, comodidad y placer en ese momento hacían inminente el momento culmen de su pasión. Y la sincronía era tal, que como pocas veces sucede ambos llegaron simultáneamente. Se sorprendieron, comentaron el hecho, se rieron, y junto con el líquido de su pasión, ahora finalizada, y un abrazo sellaron aquella unión al menos por esa noche.
El destino era el lejano cuarto de alquiler, de aquellos lugares escondidos de gente y voyeuristas. La luna les servía de guía en la carretera interminable a su pasión igualmente sin límites. Al ingresar a la habitación esta era iluminada por una pequeña lámpara que reflejaba su luz en un espejo colocado en incómoda y bochornosa posición y que sería partícipe de las futuras escenas en dicho lugar.
Un trago, un brindis, y promesas de fidelidad que se esfumarían en cuanto la espuma dejara lugar al dorado líquido de su bebida. El aproximarse de unos labios que buscaban su par, sin obtener aún respuesta. – No así no – fue la respuesta, prosiguieron los brindis, las melodías de una música contemporánea rompían el silencio que se apoderó de la habitación, hasta que el que había denegado un beso, se acercó a su compañero y con un juego de caricias, imprimió sus delgados labios en los de su par, quedándose así unidos a través de sus labios. Poco a poco llegarían las caricias, y con ello las ropas iban cediendo paso a la desnudez de los amantes.
Las risas, combinadas con momentos de pasión, en las que ambos eran partícipes, otorgaban una atmósfera de esas en las que se deja fluir quizás un brillo de sentimiento en medio de lo efímero del placer. Uno daba, el otro cedía, ahora el que cedía volvía a dar, juegos, nuevamente las risas, hasta lograr alcanzar el éxtasis del orgasmo, por parte de uno de ellos. Epa! Porque tan rápido, replicó el acompañante, obteniendo un suspiro y un beso en los labios seguido por una frase tan trillada utilizada en momentos como estos – Es que así soy yo.
Se recostaron ambos sobre la cama, abrazados, contando su vida, era una escena ecléctica. Uno de ellos confesaba su amor por otra persona, el otro manifestaba la ironía del destino: Mientras tú quieres a otro, yo te quiero a ti. El tiempo avanzaba, aunque ellos no parecían percatarse de ello, hasta que el sonido de un móvil desgarró con chillidos psicodélicos la atmósfera de los juegos amatorios. Contestó rápidamente el mensaje y volvieron a lo suyo.
Nuevamente los juegos, las manos, la piel, los labios, todo se unía y movía a un ritmo orquestal. Daban rienda suelta a su pasión y deseo en los minutos ya pasados de la media noche. Sus imágenes daban un reflejo borroso en los espejos, que ocasionaba ráfagas de sonrisa al percatarse de ello.
Finalmente se tendieron boca arriba en la cama. La música cambió de genero en la radio, se escucharon pausados ritmos, melodías de un piano acompasado. Decidieron que aunque estuvieran en común allí, buscar solitariamente el placer. Sus manos se entrelazaban y empezaron el movimiento de vaivén para encontrar aquel hedonista gusto. Los resuellos de gusto, comodidad y placer en ese momento hacían inminente el momento culmen de su pasión. Y la sincronía era tal, que como pocas veces sucede ambos llegaron simultáneamente. Se sorprendieron, comentaron el hecho, se rieron, y junto con el líquido de su pasión, ahora finalizada, y un abrazo sellaron aquella unión al menos por esa noche.

04 Julio 2007, 18:56
preciosas fotos.
04 Julio 2007, 20:52
Jajaja, solo las fotos... y el relato?
06 Julio 2007, 16:58
hey osito.. como va mejorando me impresiona... que buena parte de la historia de ese personaje que ama a Oasis... un tanto enigmatico como aquel grupo..
pero lindo al final..
todo bacan a mi parecer (el relato)
mil besos...
14 Julio 2007, 17:50
Vaya Vaya que me sorprendí gratamente, escribes muy bien, y mejorando aún, me das envidia sana jajaja en serio, la historia esta interesante y entretenida, me gustó mucho.