El suave viento de una noche otoñal ingresaba por la ventana, el sonido de las trompetas y pianos de una canción de jazz, las luces apagadas, y en esa oscuridad casi mediática rota por los sonidos antes descritos quedaba como perfecto complemento para una melodía formada por los ruidos del vaivén de sus manos, y los casi susurrantes gemidos de aquella pareja de jóvenes amantes.
(Más)
en busca de una compañía
como un cadaver exquisito
en medio de la putería
y de la ignominia
Bajo la soledad que resume una divina vanidad que rebusca lo emergente y no precisamente esa noche encontró su identidad cuando promesas no cumplidas y frases repetidas, hacían presagiar que nuevas cosas venían que pasado la noche de alcoba se iban sin destino alguno.

Con un poco de retraso hacía su ingreso a la estación de bus interprovincial que le llevaría a su destino. El cabello desarreglado y desalineado por el ventarrón que le dio la bienvenida. Miró raudamente su reloj y pensó que aún estaba a tiempo de llegar a su cita con el destino en la odisea de conseguir trabajo en este país.

Exagerada exaltación de la propia personalidad, hasta considerarla como centro de la atención y actividad generales.
Diccionario Real Academia de La Lengua Española

La reina había caído en el anterior movimiento. El caballo guardaba fielmente a su rey. Los peones hacían frente por el flanco derecho pero el temible alfil les amenazaba. Los actores de aquella escena se enfrentaban, dibujaban la estrategia perfecta en su mente, aun cuando Sábato no piense que este sea precisamente un juego de estrategias. La escena se presentaba así. El, jugó, movió a discreción la pieza, sin contar que aquel movimiento le demandaría la estocada terminal y así colocar el punto final a algo que comenzó hace mucho tiempo.

Jennifer Llanos
Somos
(Más)
¿Donde es el inicio donde el final?
Extraño. Muy Extraño.

Pensaba en lo extrañas que pueden ser las personas. Los amigos, aquellos que por alguna u otra razón se cruzan en la vida de alguien, y que en la suya son tan pocos que apenas y alcanzan los dedos de una mano para contarlos. 

Se sentó como siempre en el borde de la cama. Las sábanas revueltas detrás de él. La cabeza dándole giros. Pero, la sensación de vacuidad que sentía por dentro, de sentirse un ser sin alma, un cielo sin sol, una noche sin estrellas. No era por la pérdida de 3 ó 4 mililitros de cierta secreción corporal color blanco opalescente.

Sentado en una esquina del viejo salón junto a un enraizado balcón, mirando la luna danzar frente a él, con las estrellas como consorte. Se siente lonely. El humo del cigarrillo formando estrambóticas figuras, tan etéreas como sus más profundos sentimientos, si es que acaso lo son, tan inestables, tan vaporosas, tan sin forma, como él. 
